Publicado por Ana Lógica , viernes, 31 de julio de 2009 3:01


Siempre volvía cuando los gatos ya estaban sentados en la carretera, cuando no había ruidos de motores de coches, tan sólo el de los aires acondicionados, y con sus desgastados labios rojos ya semiborrados.
Su aliento olía a una explosión entre whisky y ginebra, malas juntas, que luego siempre acababan en la taza del wáter.

Usaba ropaba ceñida y lencería fina que siempre acababa a los pies de la cama.
Sus ojos eran rasgados, su melena larga y oscura.
Cada noche, cuando la puerta se cerraba, caía en la monotonía, en la búsqueda de su ángel blanco, aquel que la aliviaba de sus rojas y negras madrugadas.

Aquella vez, el sueño fue eterno...

2 Response to " "

IRENE••• Says:

claro que me da pena mujer!
seguro que los gatos de la carretera la echarian de menos...